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  • Marta Prieto Asiron - Marketing, Desarrollo Personal

  • Marta Prieto Asiron

Domingo, 21 de Enero del 2018

» Desarrollo Personal - Te recomiendo
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» "Vivimos en una sociedad que ni premia al bueno ni castiga al malo"

 

"Nadie asume las consecuencias de las decisiones que ha tomado ni reconoce su responsabilidad cuando las cosas se tuercen. Lo usual en nuestra sociedad, y hay continuos ejemplos cotidianos, es señalar con insistencia la culpa ajena y airear las equivocaciones de los demás, pero nunca admitir las ocasiones en que el error nos pertenece. O así lo cree el sociólogo David Díez Llamas, autor de ¡Irresponsables! (Lid editorial), para quien esta clase de actitudes se han hecho especialmente patentes con la crisis. “Esta recesión tiene una dimensión económica pero va mucho más allá de ella. Estamos ante una crisis que lo es de valores, de conductas y de comportamientos, y que abarca muchas dimensiones. No tiene que ver sólo con un partido político concreto, ni con un área económica definida o con un sector social. Estamos ante algo mucho mayor”. Por eso, señala Díez Llamas, es imprescindible que salgamos de ese discurso cómodo y egoísta y que avancemos hacia una sociedad distinta, mucho más dinámica, productiva y positiva.

El deseo es la norma

Sin embargo, las complicaciones de esta tarea son enormes, dadas las características de nuestra época. Hay que tener en cuenta, subraya Díez Llamas, que “hemos pasado de un entorno muy rígido, como era el de las sociedades de mitad del siglo XX, a otro, como el actual, donde las reglas son percibidas como cortapisas a unos derechos que podemos exigir en cualquier circunstancia”. No se trata de que unos valores hayan sustituido a otros, sino de que “no hay otra norma que la que dicta nuestra voluntad”.

Ves a cuatro personas sentadas en una mesa y pasan unos de otros, todos están mirando el móvil

De este modo, asegura Díez Llamas, hemos acabado perdiendo el sentido de la medida y creyendo que los límites a nuestros deseos no deben existir. Especialmente en los últimos años, hemos actuando como si todo fuera posible, sin preguntarnos si lo que hacíamos era bueno o malo. Y esa actitud, que se ha dejado sentir en numerosas conductas privadas, ha tenido su lugar estelar “en el mundo de las responsabilidades públicas, donde hemos visto dirigentes que endeudaron las instituciones que dirigían para construir aeropuertos que nadie visitaba. Pero les daba igual, porque sabían que no iban a terminar pagándolo ellos. Sabes que después se lavarán las manos, acusarán a los demás partidos de sus conductas y asunto arreglado”.

 

El autor y profesor Díez llamas

Pero, por desgracia, esas conductas no quedan limitadas  al ámbito de los políticos. Según Díez Llamas, aquí todo el mundo actúa de forma irresponsable, y ello porque “vivimos en una sociedad cada vez más individualista, como se puede ver cada vez que paseamos por la calle. La gente va con sus auriculares o mirando el móvil y se ignoran unos a otros. Ves a cuatro personas sentadas en una mesa y pasan unos de otros, todos están mirando el portátil o leyendo sus mensajes”. Esa actitud de ir cada uno a lo suyo es muy reveladora, en tanto demuestra cómo nos hemos vuelto por completo egoístas. “La gente piensa que si quiere montar una fiesta a las tantas de la mañana, por qué no la va a hacer, sin tener en cuenta que puede molestar a otras personas. Les da igual. Y ese ejemplo lo puedes trasladar al campo que quieras”.

 

Matrimonios sin raíces

La irresponsabilidad se ha instalado en todos los estratos de nuestra sociedad, desde lo económico hasta lo educativo. “Hay muchas familias que en lugar de dar una propina semanal a los chicos para que la gestionen, les dan dinero siempre que lo piden. Con ese sistema no les educas. Tienen que acostumbrarse a manejar los recursos económicos, y no aprenden a hacerlo si no les pones algún límite. Si siempre que quieren algo se lo das, jamás tomarán conciencia de aquellas cosas que de verdad les enseñarán algo sobre la vida” Y esas son las actitudes generalizadas, asegura Díaz Llamas, en un contexto donde nadie se toma en serio los compromisos. El mejor ejemplo es el de los actuales matrimonios epidérmicos, donde “cada cónyuge va por su lado. Uno dice que no va a comer con la familia del otro, o que no se relaciona con los padres del otro y les parece bien. Son uniones con muy poca profundidad y muy pocas raíces. Por eso, a la mínima contrariedad, el edificio se cae. Cuando no hay profundidad, tampoco hay elementos que puedan reanimar la relación”.

Hace falta un cambio social radical, que por suerte está comenzando a darse

El campo económico también demuestra hasta qué punto nos hemos convertido en unos irresponsables, y no sólo porque la crisis sea la excusa perfecta para que unos se metan con otros y nadie dé la cara por lo ocurrido, sino porque en ella se hace patente hasta qué punto hay muchas costumbres que deben cambiarse. “Aquí no existe ninguna diferencia entre el que lo hace bien y el que lo hace mal. No premiamos al que se esfuerza ni castigamos al que se toca las narices.De hecho, el inútil y el que tiene talento muchas veces cobran lo mismo”. Y esos sistemas hay que cambiarlos, avisa Díez Llamas. “Hace falta un cambio social radical, que por suerte está comenzando a darse y cuya efectividad veremos a medio plazo”.

A esta sociedad no le queda otra, asegura Díez Llamas, “que retomar valores del pasado,como los ligados al esfuerzo y el sacrificio. Estamos en una sociedad totalmente acomodada, en la que cuesta mucho levantarse del sofá y por eso la gente no es capaz de cambiar el canal de la televisión si no tiene el mando a distancia en la mano. Esto no puede seguir así”. 

 


Fuente: ElConfidencial




 
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